En el convento, conventus o congregación, entre las tareas que realizan las religiosas de algunas órdenes, está la dulce repostería o elaboración de tartas y pasteles monacales o conventuales. Estas tareas comenzaron primitivamente con el agasajo o refectorio dulce que se ofrecía por la tarde a algún benefactor, como halago o muestra de afecto por parte de las monjas de clausura y que fue aumentando a partir del siglo XIX, y se extendió a elaborarlos por encargo entre rezo y rezo, y venderlos a través del torno, como ayuda económica al convento.

De aquellas recetas de repostería, que fueron transmitiéndose de monja a monja, salieron numerosas labores o productos. Según la orden religiosa, la estación del año y el lugar, hacen distintas especialidades que abarcan una completa lista de dulces y pasteles, que hacen en la provincia de Cádiz estas monjas reposteras.

Además de las obleas para la Eucaristía, elaboran artesanalmente alfajores, almendrados, amarguillos, bizcochos, bollos, buñuelos, cortadillos, empanadillas, galletas, hojaldres, hojaldrinas, magdalenas, mantecados, masa real, merengues, mazapán, mostachones, palmeras, pastas, pastelitos de gloria, pestiños, polvorones, roscos, sultanas, tartas, tarta de almendra o bienmesabe, tortas, tortas pardas, tocino de cielo, turrón, yemas, entre otras especialidades propias de cada centro, inigualables de unos a otros.

En la provincia gaditana perduran aún varios conventos de clausura donde la repostería sigue la tradición. Están ubicados en barrios céntricos de varios municipios.

En Arcos de la Frontera el Convento de Corpus Christi de las mercedarias descalzas en la Plazuela de la Botica.

En Cádiz el Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad de las descalzas concepcionistas, calle Feduchi y el Convento del Santísimo Corpus Christi de las carmelitas descalzas de la calle Costa rica.

En Chiclana, el Convento de Jesús Nazareno de las agustinas recoletas en la calle Larga.

En Jerez, el Convento Madre de Dios de las clarisas franciscanas en la calle Manuel Torres; el Convento San José de las franciscanas clarisas descalzas en la calle Borja; el Monasterio de lña Purísima Concepción de las Mínimas de San Francisco de Paula y el Convento de Nuestra Señora de Gracia de las agustinas ermitañas en la calle Santa María de Gracia.

En Medina Sidonia el Convento de Jesús, María y José de las austinas recoletas de la Plaza de las Descalzas y el Convento de San Cristóbal de las agustinas wrmitañas de la calle Hércules.

En El Puerto de3 Santa María, el Convento del Espíritu Santo de las agustinas, en la calle Albareda y el Convento de la Purísima Concepción de las concepcionistas franciscanas en la calle Virgen de los Milagros.

En San Fernando, el Convento de las Capuchinas que laborean los derivados de la miel, en la cxalle Constructora Naval.

En Sanlúcar de Barrameda, el Monasterio Madre de Dios de la dominicas, en la calle Ruiz de Somavia.

Además de la venta directa que hacen a través del torno en el propio convento al visitante, en el mes de diciembre, a mediados y durante un largo fin de semana, los bajos del palacio provincial de la Diputación de Cádiz acoge la muestra "¡Qué rico, Dios mío!", desde hace casi veinte años, y que coordina Ifeca, la Institución Ferial de Cádiz. La muestra, que abre varios días por las tardes, ofrece productos navideños artesanos elaborados por una docena de conventos de clausura de la provincia.

En esta muestra las monjas ofrecen a la venta directamente al público casi cuatro toneladas, más de tres mil quinientos kilos de pastelería tradicional que llevan siglos elaborando las reposteras religiosas y que cada año exponer y venden en los stands que la Diputación le ofrecen.

Así, que no dejen de visitar durante todo el año estos conventos y monasterios en sus ciudades de ubicación y aprovechen a mediados de diciembre la muestra de casi todos ellos, "¡Qué rico, Dios mío!", que se organiza en la Diputación de Cádiz.

Carlos Spínola. GGG-2014.