Cocinar, es un hecho solidario y desinteresado dónde la satisfacción se obtiene con el disfrute de los demás.

De las varias acepciones de la palabra gastronomía, me quedo con dos, aquella que la define como "Técnica de prepara una buena comida" y otra que parece su continuación que es "afición a comer bien".

En los momentos actuales dónde tanto individual como colectivamente se vive avaramente con respecto a los demás, los actos de entrega desinteresada brillan por su ausencia, nos encerramos en nuestro mundo y no queremos compartir, el ejercicio de la gastronomía es quizás el único que nos queda solidario.

La gastronomía se ejerce para complacer a los demás, el hecho de investigar, y divulgar para que los demás puedan compartir y disfrutar lo descubierto a través de sus sentidos, y cómo no, cocinar, es un hecho solidario y desinteresado dónde la satisfacción se obtiene con el disfrute de los demás.

La cocina con productos frescos, perecederos, se práctica para y con los demás, no se puede conservar para uno sólo, se comparte y obliga a la comunicación, es contraria a la corriente actual de preparados para calentar y comer así como de cualquier otro producto conservado para directamente ser utilizados y no necesita tomarse con otros.

Cualquier acto que tenga que ver con la gastronomía, desde el estudio, la indagación, la exploración, la exposición y la práctica, es un acto de solidaridad con tu familia, amigos y cualquier interesado en la materia de forma totalmente incondicional, es de las pocas actividades que se disfrutan viendo disfrutar a otras personas. Y pos supuesto su práctica no debe relacionarse con la gula que es, copiado literalmente del diccionario "un deseo exagerado de comer y beber", aquí estamos hablando de otra cosa, cómo se define al principio del artículo.

Debemos seguir practicando la gastronomía amén de porque nos guste que es razón sobrada, porque rompe la corriente insolidaria que nos invade en todos los ámbitos de nuestras vidas.

Manuel Fdez.-Trujillo Jordán