SIGLOS XVIII AL XX

   Durante el siglo XVIII se inició un proceso en la enología española con nuevos tipos de vid procedente, sobre todo, de Francia e Italia que se plantan en estacas y en injertos.

En la Corte se seguía consumiendo preferentemente los vinos elaborados cerca de la Villa, Valdemoro, Arganda, Navalcarnero, San Martín de Valdeiglesias, etc. Aunque los vinos de Valdepeñas se iban introduciendo con gran empuje en Madrid, que a doble precio que los demás llegó a ser el mas popular en las tabernas de la Corte y Villa, vinos de Méntrida, Ocaña y Villacañas.

Los vinos de Castilla la Vieja, que tuvieron su fama en el s. XVI, seguían conservando tal fama, sobre todo los vinos blancos de Rueda y tintos de Toro, que también eran frecuentes en las tabernas de Madrid, hasta que llegaron los riojanos en esta época algo desconocidos.

Los vinos gallegos eran casi siempre elaborados en los Monasterios cuyos frailes fomentaban la plantación de viñas a los lugareños, de tal forma que todo el país gallego estaba rociado por pequeñas bodegas, cuyos vinos se consumían entre la parroquia y algunos se exportaban a Castilla y Vascongadas y mas tarde se exportaron a Italia y Flandes, pero siempre los mayores consumidores fueron los ingleses. Dado que posteriormente, estas exportaciones tuvieron unas disposiciones restrictivas por los Monarcas, los importadores ingleses buscaron otro comercio vinícola y los sustituyeron por los vinos portugueses, Oporto y Ribera del Duero, vinos muy al gusto inglés que dieron al traste con la prosperidad de los vinos gallegos.

Entre los vinos gallegos, el mas afamado seguía siendo el de Ribadavia en la provincia de Orense, cabeza de los famosos Ribeiro ó los de Amandi citado por Cervantes en su Novelas Ejemplares ó los de Salnés, cuyas cepas cuenta la tradición, fueron traídos del valle del Rhin en el s. XII por los monjes del Cluny y cuyas cepas dieron vida al famoso Albariño en la comarca de Cambados.

En el s. XVI, Alonso de Herrera en su Tratado de Agricultura nos dice que ya en la Rioja se iban plantando viñedos que producían vinos de buena calidad, la mayor parte claretes, pues la producción de vino blanco era muy abundante, estos vinos se empezaron a teñir, en mayor o menor grado, mediante la mezcla con vinos tintos, que mas tarde el proceso se fue perfeccionando hasta utilizar el hollejo de la uva tinta como colorante para el vino tinto.

Por esta época llegó a ser tan grande la producción de vino en la Rioja, que sobrepasaba el consumo general, agravado porque el excedente de vino no se podía almacenar mas de un año y medio motivado por los métodos rudimentarios utilizados en su elaboración. Tal era la abundancia que casi siempre se tenía que tirar vino. Para solucionar estos problemas, en 1.787 se creó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de la Rioja Castellana, la cual regulaba la elaboración y exportación de estos vinos a sus clientes habituales, los mercados Vascos y Montañeses. Pero la expansión del Rioja no llegaría hasta el s. XIX..

Los vinos catalanes, decadentes durante el s. XVII, comenzaron de nuevo a florecer durante el s.XVIII, ayudados por la liberación del comercio con América decretado por Carlos III en 1.765. La exportación de estos vinos se hacían por los puertos de la Costa Brava, Mataró y Vilanova í la Geltrú, hacia Londres, Amsterdam, Rusia y Norteamérica.

Por estos años los vinos Andaluces, eran muy solicitados en el extranjero, sobre todos los de Jerez y Málaga, en especial estos últimos, motivado pues en Málaga existía desde 1.487 y promulgada por los Reyes Católicos, la primera asociación de viticultores con el nombre de Hermandad de Viñeros. Considerado como los mas exquisitos entre los licorosos eran los llamados en Inglaterra como "Halligo sack" ó "Mountain wines" y en Francia "Vins de Málaga". A finales del s. XVIII, se comenzó a estimar en Francia que el vino malagueño llamado "Pedro Ximenez" se adulteraba, este criterio se extendió por lo que causó un gran perjuicio en su exportación agravado porque la mayoría del comercio vinícola estaba en manos extranjeras que compraban a bajo precio, empobreciendo a los vinicultores.

No se tienen datos muy fiables de cómo se desarrollaba el comercio de los vinos jerezános en el s. XVIII, según nos cuenta González Gordon, durante esta época su exportación a Inglaterra constituía un comercio saneado con el nombre de Jerez ó Sherry. La estabilización del comercio vinícola vino con los Borbones y su mayor florecimiento entre los años 1.700 y 1.778 con Felipe IV, Fernando VI y Carlos III.

El centro comercial vinatero siempre fue Jerez, pero que para dar mayor fluidez a los embarques, algunos bodegueros exportadores, establecieron factorías en El Puerto de Santa María por lo que así se podía exportar vinos hechos. Es decir ya fermentados en contraposición de años atrás que había que embarcar los vinos antes de terminar el proceso de fermentación, motivado por el largo viaje, pues salían de Jerez hacia el Portal y allí por el río guadalete hasta el Pto. De Sta. María mas el recorrido por mar hasta su punto de destino.

El s. XIX se caracteriza por dos grandes acontecimientos. El primero fue la transformación de las técnicas artesanales en nuevos procedimientos industriales sumado a la implantación del ferrocarríl como método de transporte, y por otro lado a finales del s. XIX y principios del XX esa devastadora plaga, la invasión de la filoxera que ya había arrasado los grandes viñedos en el resto de Europa.

Los vinos manchegos, aumentaron su consumo en Madrid desplazando a los vinos propios de la zona, entre aquellos vinos destaca el típico aloque de Valdepeñas que era el mas solicitado en la Corte. Los vinos de Ocaña, Yepes y Nobleja y tal vez el vino toledáno mas aceptado era el de Méntrida, vino bravío que ya había sido introducido en la capital en el s. XVII. Los demás vinos de la zona de Madrid fueron perdiendo su gran consumo, tales como el famoso " vino de Reyes " de San Martín de Valdeiglesias, los de Cebrero, Valdemoro y se conservaban los de Arganda.

Otras comarcas vinícolas subsistieron y se han conservado hasta nuestros días, tales como la Ribera de Burgos, Rueda y Ribera del Duero en Valladolid, Toro en Zamora y el Bierzo leonés. Pero a mediados del s. XIX es cuando se inicia la buena elaboración de los vinos riojanos, que en un principio estos vinos añejados tenían poca demanda motivado poeque al llegar a su segundo año, perdían sus cualidades. Es por lo que dos aristócratas, el Marqués de Murrieta y el de Riscal, decidieron mejorar los métodos y las instalaciones para obtener buenos vinos envejecidos y en la bodega del Duque de la Victoria consiguieron vinos capaces de ser añejos y no perder sus cualidades. Estos bodegueros exportaron vinos a las Colonias, a Méjico, y a la Habana. En la isla cubana solamente arribaron unos 50 barriles debido a un naufragio, estos barriles fueron catados dando su aprobación, entonces el Gobernador militar de la Isla, General De La Concha junto con Murrieta crearon una especie de asociación de bodegueros exportadores, montando una bodega en la localidad de Igay, cuya producción fue importantísima. No solo esta bodega tuvo importancia sino otras como las de Riscal, Compañía Vinícola del Norte, Paternina, Franco Española, Bilbaínas, etc. Todo esto sucedía antes de que a finales del s. XIX, la terrible plaga de filoxera arrasara los viñedos de Haro y demás.

Tanto la filoxera como las guerras, recordemos la invasión napoleónica, la toma de Gerona por los Cien Mil Hijos de San Luis, la de Tarragona, las Guerras Carlistas, asolaron los campos Catalanes reduciendo la producción vinícola. No obstante y durante el s. XIX los viñedos se multiplicaron y se obtuvieron producciones copiosas de vino, donde la cantidad superaba a la calidad, motivada porque en los lagares se mezclaban todas las uvas dando unos caldos entre 13 y 14º y cuando lo encabezaban con aguardiente se llegaba a los 18º.

Pasadas estas calamidades, a finales del s. XIX, comienza a florecer una nueva actividad vinícola. Josep Raventos, despues de varios viajes a la Champagne obtiene su primera botella de vino espumoso es su bodega de Can Codorniú.

Con el s. XIX llegó a los viñedos gallegos, el oidium, enfermedad que hizo azufrar a los viñedos, consiguiendose que fuera regenerandose el comercio del vino, pero por el año 1.885 un hongo llamado mildiu atacó de nuevo a los viñedos y hubieron de ser tratados con un producto de sulfato de cobre, llamado caldo bordelés.

Las zonas de mayor producción de Valencia fueron y como hoy en día, Requena y Utiel para los vinos tintos y para los blancos la zona del Turia. Los vinos de Alicante, llamados por este mismo nombre, vinos con cuerpo y fuerte sabor, eran muy celebrados en Inglaterra, Suecia y Países Bajos, entre estos vinos, el mas famoso, el llamado "Fondillón" vino de 15 a 16º . Dentro de la zona Levantina se consideraban también los vinos Murcianos, a destacar, los de Jumilla y Yecla ya conocidos en el mundo romano.

En los comienzos del s. XIX los viñedos de Badajoz y su provincia eran muy recomendados, sobre todo los de la Tierra de Barro, famosos los blancos de Almendralejo. Mas hacia arriba los de la Comarca de La Serena, Villanueva, Don Benito y Alburquerque con su vino blanco velado. En cambio no eran muy importantes los vinos de la zona de Cáceres, solamente algo renombrado los de Montánchez o la Vera, vinos peculiares con un intenso aroma de almendras.

En este siglo se hacía un gran consumo de los vinos de Pitarra así como los de Málaga cuya fama se extendía fuera de nuestras fronteras, fama que duró poco tiempo debido a una epidemia de oidium, que a mitad de este siglo asoló la Axarquía y agravada por la filoxera.

A comienzo del s. XIX, en la campiña de Jerez se plantaban grandes viñas, se establecieron grandes almacenes y se crearon amplias bodegas debido al incremento del consumo de vino fuera de nuestras fronteras. Poco duró esta euforia pues a mitad de siglo, llegó a la provincia gaditana y llegada de Francia la plaga del oidium que hizo estrasgos y agravado por la propagación desde Málaga de la terrible filoxera, esto obligó al jerezano a la replantación con vides americanas para injertarla después con la variedad propia. A pesar de todo los viñedos jerezanos no se perdieron del todo sino al contrario fueron aumentando.

El s. XX, trascendente para el vino en cuanto a la evolución de su calidad y gracias a las investigaciones de Pasteur de la tecnología aplicada a la elaboración del vino y las Estaciones de Viticultura y Enología situadas en zonas estratégicas productoras del País.

Es el siglo evolutivo, donde se produce una evolución técnica que sirve al desarrollo y divulgación de la Enología por todo el País, con la creación del Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en los años 30. Anteriormente, por los años 20, se crea la Oficina Internacional de la Viña y el Vino para resolver los problemas que surjan en la vid y en el vino, dividida en tres secciones, la viticultura, la enología y legislación.

Posteriormente se crea la Unión Internacional de Enólogos, donde se incluyen las Asociaciones de Enólogos de los grandes Países productores de vino.

Se produce también una evolución económica y social. Se crea por los años treinta, concretamente entre 1.931 y 32 el Estatuto del Vino, que persigue todo aquello que tienda a distorsionar el mercado de los vinos de producción natural. Posteriormente, en 1.970, se dicta el Estatuto de la Viña, del Vino y de los Alcoholes, inspirado en los Estatutos de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino.

La evolución de la calidad viene dada por la Convención de París en 1.883y luego por el Acuerdo de Madrid en 1.891 y sobre todo por el de Lisboa en 1.958, sobre la protección de las Denominaciones de Origen como método de protección de la calidad de los vinos. En 1.970 se crea el Instituto Nacional de Denominaciones de Origen.