RESTAURANTE "ANTONIO" Zahara de los atunes (Abril 2026)

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Este restaurante cumple 45 años, habiéndose convertido en uno de los referentes del atún en la zona tras partir como una humilde casa de comidas en plena playa, inaugurada en su día por Antonio Mota.

Hacía muchos años que el Grupo no comía en Antonio, y, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la fundación del GGG, volvimos a visitarlo cuando el establecimiento cumple, a su vez, las 45 primaveras, habiéndose convertido en uno de los referentes del atún en la zona tras partir como una humilde casa de comidas en plena playa, inaugurada en su día por Antonio Mota, y que ha evolucionado hasta lo que es hoy de la mano de sus hijos.

En una sala atestada, nos sentamos los comensales para degustar un almuerzo en el que el atún tuviera cierto protagonismo, como era de ley, aunque, tras las primeras copas y cervezas hubo un pequeño traspiés, pues faltaban ciertos productos de la carta de vinos que tuvimos que sustituir por otros a regañadientes, aunque los sustitutos por supuesto que dieron la talla dada su calidad, pudiendo iniciar las rondas con la tradicional copa de palo cortado, en esta ocasión Dios Baco, de las bodegas del mismo nombre que, en la actualidad, y tras haber sufrido muchas vicisitudes, han acabado en manos de José Páez Morilla.

Con un servicio atento, pero algo impersonal, comenzamos por degustar un aperitivo consistente en un suave y sabroso salmorejo con taquitos de jamón ibérico y su chorrito de AOVE y reducción, acompañado de dos estupendos tipos de pan, uno blanco y otro de cúrcuma, que sirvieron a la perfección para rebañar el cuenco.

Después, ya fueron apareciendo las viandas principales, comenzando por una especie de plato combinado compuesto por una tosta de tartar de atún rojo, decorado con unas huevas de salmón, y acompañado de wakame, en la que el túnido troceado venía sobre una base de mayonesa picante; y un sashimi con jengibre encurtido y crema de wasabi, así como un pequeño bol con salsa de soja. Ambos productos de calidad y muy correctos.

A continuación, y para refrescar el paladar, llegó un puerro asado a la brasa, con puntos de mostaza y cubierto con una crema trufada en la que el sabor de la trufa se presentía muy lejanamente, estando el puerro tierno, pero consistente, y sabroso.

Seguimos con el atún, en esta ocasión morrillo en medallones pasado por la plancha, con gran aroma a pescado, y con un interior muy jugoso y crudito, sobre una cama de ali-oli (nos pareció que era el mismo de la anterior tosta), acompañados de una ensaladita de brotes y una salsa tártara.

Como colofón a la parte salada, nos sirvieron un lomo de vaca rubia gallega en un punto perfecto, custodiada por un ramillete de bimis, tomates y zanahoria morada a la brasa, por un lado, y unas aceptables patatas fritas por otro.

Para remojar los platos de pescados optamos por un antiguo amigo, el estupendo vino de pasto (tendremos que ir acostumbrándonos a llamarlo de albariza) Meridiano Perdido “La Mendoza” 2023, que Joaquín Gómez Beser elabora en la zona de Trebujena bajo un tenue velo de flor; y para acompañar a la carne, optamos por el suculento Tesalia 2020, de las bodegas homónimas, un coupage o mezcla de Petit Verdot, Syrah, Tintilla de Rota y Cabernet Sauvignon.

A la hora de pedir postres, cada uno optó por el que más le atraía, cayendo desde una tartaleta de manzana, una tarta de queso, una tentación de pistacho y un huevo de chocolate blanco, más o menos conseguidos, hasta un par de torrijas que no merecieron demasiado aplauso, así como unos sorbetes al cava que cumplieron satisfactoriamente. Unos cafés y algún licorcito de categoría dieron fin a la fiesta.

En esta ocasión, dada la hora, no pudimos tener la tradicional sobremesa con los responsables del establecimiento, pero no dejamos de hacernos la foto de familia para inaugurar los actos de celebración del 40 aniversario, que se prometen laaargos y sabrosos, y, sobre todo, muy divertidos.

José María Rosso López

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