Siempre es un auténtico placer ir a comer a los sitios de toda la vida, que te traten con tanta amabilidad y te den lo mejor de la casa, lo que nos predispone a repetir en cuanto podamos con el muy amigo Pelayo.
En la “tournée” que habíamos iniciado para celebrar los cuarenta años del Grupo en varios de los establecimientos más conspicuos de la provincia, no podía faltar Pelayo, con quien tantos años de relación culinaria nos hemos llevado, y esperamos seguir haciéndolo. Por tal motivo, aprovechamos para disfrutar de su cocina en el saloncito trasero de su peculiar establecimiento homónimo, también conocido por “las motos”, a las que tan aficionado es.
Fuimos sólo siete personas debido a las obligaciones profesionales y de otro tipo de Eloy, Joaquín y Juanjo, pero, aparte de tener un recuerdo para ellos, también evocamos a los asociados que nos faltan para siempre.
Volaron unas cervecitas, así como unas copas de esas manzanillas y palos cortados procedentes de las botas que Pelayo refresca continuamente, y que combinaron de primeras con unas papas aliñás con melva que Pelayo borda, y con unas fuentes de gambas y langostinos que también cuece de maravilla. A partir de ese momento, ya presidió la comida el albariño de la casa.
A continuación llegó el pescado, siendo el primero en aparecer en escena una pescadilla a la gaditana de fritura perfecta, seguida de unos boquerones escabechados y fritos que se están poniendo de moda en “la tienda” y que resultaron magníficos. Y, para terminar la parte marina, un estupendo arroz con mejillones, gambas y cocochas que hizo las delicias de los comensales.
Pero no podía faltar el colofón cárnico, que se tradujo en una berza de judías verdes, sin exceso de ingredientes y muy fina, que supuso el epílogo de la parte salada del almuerzo.
A los postres, el muy clásico tocino de cielo de la casa, con un chorreón de Cointreau, que dio paso a una animada conversación con nuestro anfitrión acerca de las vivencias pasadas, los compañeros desaparecidos, así como de actividades por concretar en torno al Grupo y a la celebración continuada de nuestro cuarenta aniversario.
Unos whiskys y combinados diversos amenizaron la larga tertulia, que finalizó para la mayoría con una sesión de fotos en la parte de la antigua tienda, rodeados de botellas de vinos para darle el adecuado ambiente a la cosa.
Siempre es un auténtico placer ir a comer a los sitios de toda la vida, que te traten con tanta amabilidad y te den lo mejor de la casa, lo que nos predispone a repetir en cuanto podamos con el muy amigo Pelayo.
José María Rosso López